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Ya sé que el 2014 está bien entradito, ya… Sé que es quizás un poco tarde para hacerse una propuesta para este año, pero a mí no me importa y hace unos días me hice una: me voy a organizar. Dicen que lo normal es que los creativos sean caóticos, que es lo propio, pero una cosa es un poco de desorden y otra muy distinta es perder el tiempo. Un ligero desorden no es importante siempre que sepas dónde lo tienes todo. Estoy hablando de cómo empleamos nuestro tiempo. De cómo muchas veces, lo perdemos dedicándonos a cosas sin importancia y dejamos para el final lo de más valor.

Mira esta simple tabla. No es nada del otro mundo, ¿verdad? Pues ya verás cómo es de reveladora. En el campo A tenemos tareas importantes y urgentes, o sea, lo que no puede esperar ya más. En el campo B tenemos tareas importantes, pero no urgentes, una casilla muy cómoda. No pasa nada, tengo tiempo suficiente para hacerlo. En el campo C tenemos lo que no es urgente pero no importante, como por ejemplo contestar un correo.  Y en el D lo que no es ni importante ni urgente ni nada de nada.

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De momento, hemos analizado el tipo de tareas que tenemos entre manos. Ahora vamos con otra cuestión de peso: nuestra energía. Nuestra capacidad de trabajo no es la misma a todas las horas del día. Si hemos dormido y desayunado bien (con mucha azúcar de la buena), el mejor momento es por la mañana, a primera hora. A esa hora seremos los reyes del mambo, los más creativos del mundo si nos dedicamos a idear un proyecto. Pero, ¿qué hacemos normalmente a primera hora? Vemos si tenemos algún correo, a veces muchos, respondemos, miramos las redes, “anda mira quién me sigue”, “me han enviado un DM”, “hui, tengo que contestar a este fan”… y un montón de cositas propias del campo D que no dejamos para más tarde. ¿Qué significa esto? Que derrochamos nuestro mejor momento con tareas que ni son importantes, ni urgentes, ni necesitan de todo nuestro potencial.

Resumiendo, hemos de dedicar tiempo a planificarnos y establecer nuestras prioridades. Tenemos muchas cosas que hacer, de una, pasamos a otra y luego otra… Pero sin planificación es posible que lo más importante, al final del día todavía no esté hecho. Y la verdad es que eso nos hará sentirnos mal con nosotros mismos… no me digáis que no habéis vivido esa sensación de culpabilidad, de “¡vaya!, otro día más que no avanzo”, “mañana sin falta” y un largo etcétera. Lo cierto es que al final hacemos lo que debemos, pero si nos planificamos evitaremos esos malos momentos de estrés y los malos pensamientos que no nos dejan estar en paz.

Yo llevo unos días practicando esta técnica y es buena. Antes de terminar mi jornada (que suele ser tarde), le dedico 5 minutos a pensar qué tengo que hacer mañana y lo apunto en mi agenda. Cuando, por la mañana, llego a mi mesa, miro mi agenda, repaso en mi mente qué es lo importante y lo primerito es ponerse con ello. Es cierto que hay que mirar el correo, ya que las circunstancias pueden cambiar y lo que ayer no era urgente, hoy sí lo es. Pero justo después, ¡al lío!

Marcarte unos objetivos y cumplirlos, te hará sentirte mucho mejor contigo mismo. Así que os dejo, sin más preámbulos, estoy en mi mejor momento y tengo que aprovecharlo.

Fuentes: Psicología para creativos, Gustavo Gili. Imagen: Flaviu Lupoian, Free Images.

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Mujer plural. Diseñadora gráfica, community manager y madre ocupadísima. Me gusta leer y escribir, sobre todo de diseño, ilustración, tipografía y arte.

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